1932,
Potosí ve el nacimiento de Enrique Arnal Velasco, en Catavi, centro minero del
departamento de Potosí, en el que su padre trabajaba. Durante muchos años se
gestó como artista plástico autodidacta y finalmente al bordear la mayoría de
edad se decidió por la pintura.
1955, los
esfuerzos son coronados con el galardón Gran Premio Pedro Domingo Murillo.
1966,
Gracias a la beca de la Fundación Simón I. Patiño, Arnal formaliza sus estudios
en la Ciudad Internacional de las Artes en Paris, durante este año y el
siguiente.
1968, por
dos años consecutivos, la Galería Arca, ubicada en La Paz, orienta su trabajo
con las directrices que fija el artista.
1978, por
otros dos años como docente, son muchos estudiantes de la Universidad Mayor de
San Andrés los que se benefician con la capacidad de enseñanza, la formación
académica y la experiencia del maestro Arnal.
1983, los
méritos incontables del artista propician su nombramiento como Agregado
Cultural – Ad Honorem en la Embajada de Bolivia en México.
1986, la
ciudad que le dio las herramientas académicas al genio del artista, lo ve
regresar en el cargo de Agregado Cultural de la Embajada de Bolivia en París,
por dos años.
De aquí en
adelante su recorrido por el mundo pasea su sensibilidad de genio creador a
donde va, nutriendo su experiencia y su almacén de rememoraciones.
La extensa
producción pictórica de Arnal perfila un estilo propio que evoluciona desde la
síntesis y estilización de corte dramático hasta la abstracción y figuración
concreta con toques cubistas. El artista trabajó temáticas agrupando sus obras
en series como paisajes sintéticos y pueblos pétreos, luego naturalezas muertas
y casi al mismo tiempo las series de gallos y toros, más tarde encaró la figura
humana solitaria (que incluye la época como preso político) y posteriormente
los cóndores en descanso, hasta la concluir la década de 1970. La década de los
80 estuvo caracterizada por el desnudo femenino y su fusión con las montañas en
el entorno andino. y obras abstractas denominadas Mitología Minera, con una
gran sensibilidad espiritual de lo que engendran los socavones en su oscuro
espacio interior. Su producción continuó con la serie Mundo de la Memoria, en
la que condensa recuerdos de momentos que marcaron su vida.
El legado
del artista se encuentra atesorado en el Museo Nacional de Arte, dependiente de
la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, Museo Tambo Quirquincho, la
Casa de la Cultura de la Universidad Técnica de Oruro, el Museo de Arte
Contemporáneo de la OEA y otros repositorios importantes, además de sentar su
presencia en colecciones privadas en Bolivia, Estados Unidos y Europa.



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