lunes, 25 de abril de 2016

LA HISTORIA MUSICAL DE BOLIVIA RECUPERA CUATRO DÉCADAS EN 78 RPM

La Música de 1920 a 1950
La Bolivia de los años 1920 a 1950 tuvo de fondo boleros de caballería como Rumi Soncko, de Felipe V. Rivera, que traducía los sentimientos melancólicos contemporáneos a la Guerra del Chaco. Si acaso en la memoria de los abuelos se puede recordar las cuecas y ritmos folklóricos en la voz de Guillermo Butikofer, o las interpretaciones de Pepa Cardona y Adrián Patiño, los tangos de Néstor Portocarrero, son nombres que permanecían ya en los baúles de anticuario y con poca o ninguna opción de volver a ser apreciados.

La calidad de los discos y los equipos para escucharlos
El material disponible era la baquelita, de calidad bastante delicada y quebradiza, en la que había que hacer el trabajo de registro de una sola vez, porque el más leve error obligaba a comenzar todo nuevamente.
Pero no solamente son los discos sino los equipos especiales que se necesitan, con reproducción a 78 revoluciones por minuto y una aguja de zafiro, que solamente se fabricaron hasta 1950 o 1960 en el mejor de los casos y cuya disponibilidad fue posible gracias a la ayuda de dos meritorios amigos, Don Prudencio y Don José.

El trabajo de rescatar, restaurar, digitalizar y difundir por canal abierto un patrimonio revalorizado
Los protagonistas de este minucioso trabajo de rescate del “Ajayu de Antaño” son dos jóvenes profesionales y músicos: Fernando Hurtado, antropólogo, e Isaac Rivera, comunicador social, que hace algunos años se dieron a la tarea de rescatar los discos de anticuarios, ferias y desvanes, para restaurarlos en la medida de lo posible. El proceso más lento y cuidadoso, sin embargo es la digitalización a partir de los reproductores antiguos y la posterior depuración del sonido que se complementan con la investigación de composiciones, compositores e intérpretes, para revivir el sentimiento de esa época.
Pero el rescate de este tesoro musical no sería tan meritorio si no se considerara la fase de compartir los resultados y las satisfacciones con el público que valora la magnitud del esfuerzo, a través del acceso libre a todas estas joyas musicales en http://78rpmbolivia.blogspot.com.

El producto de este trabajo será presentado el jueves 28 de abril, desde las 19:00, en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF), dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.


martes, 19 de abril de 2016

REMINISCENCIAS Y LAS TRES FACETAS DE EDGAR ÁVILA ECHAZÚ

Martín Zelaya Sánchez
* Artículo publicado en el Suplemento Cultural LETRA SIETE, del periódico Página Siete. (16.04.16)

Edgar Ávila Echazú ya camina lento a sus 86 años. "Lento pero seguro”, comenta mientras avanzamos rumbo a un café por la empinada y resbalosa calle Socabaya del centro paceño. Es de hablar calmo, como todo tarijeño, y a veces tarda largos segundos en responder, pero su velocidad mental -no se le pasa la mínima oportunidad de hacer una chanza o remitir a un texto o autor- se mantiene intacta, así como su enorme capacidad para producir literatura y arte, esa "imaginación creadora” sin la que -como bien lo confiesa- nada sería posible.

 Y es así que no solo sigue escribiendo novelas y ensayo -"estos últimos años estuve trabajando en la Historia de Tarija”- sino que el año pasado publicó un nuevo poemario; y, aunque está compuesta en su mayoría por piezas antiguas, acaba de inaugurar su muestra pictórica Reminiscencias, en el Museo Nacional de Arte, en aquella imponente casona que colinda con la plaza Murillo, y en la que le di encuentro el pasado viernes 8.
"Vamos a tomar un cafecito, no me llama conversar frente a todo esto”, comenta, mientras aún caminamos, recorriendo ambos con la mirada la veintena de óleos y dibujos que adornan los muros de las salas "temporales” del repositorio. 
Edgar Ávila Echazú poeta, Edgar Ávila Echazú narrador, Edgar Ávila Echazú pintor. Y, claro, cómo no llevar el arte, las letras, la cultura en el alma con un padre como Federico Ávila Ávila, destacado ensayista y diplomático de inicios del siglo pasado, con quien hasta joven Edgar "viajó por el mundo” y se cultivó en lecturas, bellas artes, música…
De niño viajó y vivió temporadas en La Paz, Paraguay, Argentina y México, de donde viene uno de sus primeros recuerdos, acaso el más memorable. "En México estuvimos parte de 1940. Un día mi papá me llevó lejos de la ciudad, a una casa cuidada por vigilantes y apenas entrar me dijo: ‘aquí vamos a ver a Trotsky’. Estuvieron charlando una hora o más y al terminar, antes de irnos, Trotsky se levantó, me agarró la mejilla y dijo: ‘este niño va a ser poeta’”. A los pocos meses el político ruso murió asesinado en la capital mexicana.

Pluma y pincel
Empezamos por las artes plásticas. Destacan en Reminiscencias los óleos figurativos y los desnudos femeninos. Las tonalidades más bien apagadas, variaciones del marrón, y amarillos y verdes opacos, oscuros.
"Sí -responde- estuve en Bellas Artes en La Paz (y luego enseñó en su natal Tarija), pero he aprendido más en el 
Louvre, y en infinidad de museos… horas de horas viendo obras maestras”. 
"Lo mío es el óleo, soy muy conservador en cuanto a técnica. Ya al principio me di cuenta de que no era bueno para la acuarela, y me concentré en el óleo; también he hecho dibujo y algo de mural, cuando era ayudante de Óscar Pantoja”.
"Me fui a hacer mundo”, decían no pocos bohemios, aventureros… artistas, hombres de arte, hombres libres, cuando se referían a la etapa en que, rompiendo las convenciones sociales imperantes hasta muy entrado el siglo XX, no solo no seguían estudios y oficio comunes y corrientes, sino que se rebelaban a la tradición familiar y social y, dejándose guiar por su vocación e instinto, corrían a las urbes cosmopolitas, aquellas propicias para explorar y desarrollar la imaginación creadora.

Después de "hacer mundo” de la mano de su padre en varios países vecinos e incluso Europa, Ávila Echazú siguió luego su propio derrotero y así pintó y aprendió con el orureño Pantoja en Argentina, y compartió inacabables charlas sobre libros y autores y correrías de museo en museo, nada menos que con Augusto Céspedes en la milenaria Roma.
"Cuando el Chueco se fue como diplomático yo estaba viviendo ya un tiempo en Italia. Nos llevamos muy bien y creo que él nunca olvidó que le hice conocer a grandes narradores, sobre todo a Conrad, del que se volvió fanático”, comenta Ávila, y tras unos segundos, sin pensarlo mucho, agrega: "nuestro gran escritor boliviano es el Chueco Céspedes. Hay que revisarlo, rescatarlo”.

Huellas
En su extenso poema La noche, parte de Canciones para Maritza / La noche, su más reciente poemario, escribe: "(…) ¿y esperas insensato la guía / de angélicas presencias / en este claro camino que no ves? // ¿Cómo podrías advertir / luz alguna si tropiezas / y te enredas en tu propia sombra / luego de ilusas levitaciones / como ave perdida / en un sueño? // La música está ahora / en la ceniza / en las transparencias del fuego / en su danza de cristales // en el tejido de hielo / del suspendido mar (…)”. 
En busca de esa luz, huyendo a tropezones de las sombras de la quietud y la abulia, Ávila Echazú partió innumerables veces pero, al final, nunca dejó -"siempre he vuelto, siempre he de volver”- su Tarija querida.
"Agradezco mucho que desde niño he viajado tanto, lo que me ha liberado de provincianismos y me ha servido para comprender la trascendencia del universalismo”, comenta y da pie a pasar de la plástica a las letras, a su poesía, en especial, tan caracterizada por la búsqueda y representación de momentos, experiencias (tiempo)… de esos detalles inadvertidos que a fin de cuentas hacen lo trascendental.
"Al cabo del tiempo, antes que pintor, yo me considero más un literato -narrador y poeta (es la misma cosa que se expresa con diferentes estilos y lenguajes… son las mismas raíces vivenciales y temas)-. Empecé con las dos cosas, casi simultáneamente, de niño, y sigo ahora de viejo pintando y escribiendo, sobre todo escribiendo”.
Ya embalado, continúa la charla, y no importa que se enfríe el cortado doble y que en menos de 20 minutos empiece el acto inaugural de Reminiscencias. 
"Comencé con poesía, muy joven, a los 18, 19… y a los 20 escribí la que considero mi obra mayor (no necesariamente la mejor, pero la con mayor alcance y ambición, Memoria de la tierra con mucha influencia, mucho eco, de Saint-John Perse y Rimbaud”. 
- ¿Coincide con la crítica en que el sello de su poesía es el tono, la musicalidad, el manejo hábil de rima y ritmo?
- Sí, seguro. Yo pienso que la mayor diferencia entre poesía y prosa es que la poesía es musical y siempre debe tener ritmo, incluso en verso libre o poesía abstracta. Es fundamental cuidar la forma. Eso no quiere decir que la prosa no pueda tener estos detalles, finalmente, toda buena narración tiene algo poético.

- Y temáticamente hablando, el tiempo…
- Desde luego, los grandes temas de mi poesía son el tiempo y la muerte… no la muerte saenzeana, sino una muerte "más humana”, no tan mitificada.
La muerte no es más que nuestra prolongación, la otra cara de la vida. Es imposible no tener conciencia del tiempo y de la muerte.

"Yo no puedo vivir sin música -dice remitiéndose, de paso, a la tónica inconfundible de su poesía-. Soy melómano desde niño y tengo una linda discoteca”. 
Y mientras cuenta que "Bach es el más grande”, que hace unos tres años redescubrió a Chopin y sus valses y polonesas, y que de música popular se va por los boleros, chacareras, zambas y las bellas pero en peligro de extinción coplas chapacas, al azar, sin descuidar la grabadora, abrimos el poemario y saltan estos versos:
"(…) un día estaré perdido / no como se pierden / desaparecen las cosas / sino como en la música / o en la memoria / se oculta una melodía. // aquello que nos observa / tal una muda presencia (…)”.

Y para cerrar, luego que de que se niega a revelar del todo un proyecto poético "de gran envergadura” que se trae entre manos, una reflexión necesaria de un artista de cepa, de cuna, incansable: "la clave está en la imaginación creadora sin la cual no puedes hacer nada… Si no crees en lo que escribes, así sea la ficción más absurda, nunca podrás plasmarla o transmitirla”.

Pintura libre y espontánea
José Bedoya Sáenz

Existen pocas personalidades que tienen el carisma necesario para constituirse en un referente fundamental en la vida y el imaginario de un departamento. Edgar Ávila Echazú es sin duda una de estas personalidades, cuando queremos referirnos a Tarija, situado al sur de Bolivia, no podemos dejar de lado el aporte de este patriarca, desde sus distintos ámbitos de actividad: la literatura, la investigación o las artes plásticas.
La pintura de Ávila Echazú, ordenada por su autor en series que trascienden la temporalidad en su creación, y producidas durante un periodo de más de 40 años, en los que el autor ha alternado tanto las temáticas, como las aproximaciones visuales que conforman sus series, transmiten al espectador la espontaneidad de su factura.
Alejado de la intelectualidad, el acto de pintar en su obra se muestra como un acto libre en el que la gestualidad acompaña de manera significativa a la expresión que nace, a partir de su sincero sentimiento de contemplación del paisaje de su región y la admiración por la mujer tarijeña.  
Sus dibujos de carácter impresionista muestran un trazo ágil, cargado de fuerza que no busca representar la forma real, y más transmiten un estado emocional. 
Una mención especial  merecen las piezas que conforman su serie abstracta, el juego con los espacios y las superficies de color, sin la pretensión de representar ningún elemento real, lo conecta más bien a un espacio íntimo espiritual, que compartió y exploró en compañía de uno de sus mejores amigos, Óscar Pantoja; no obstante al tener presente toda su producción, uno descubre en esta su obra el apego indiscutible a la luz y el color del paisaje tarijeño.
Podemos inferir, del conjunto de su producción plástica, que se trata de un artista que parte de los elementos íntimos que conforman su personalidad y que trascienden en sus dibujos y su pintura dotándoles de un carácter claramente expresionista.

lunes, 18 de abril de 2016

A LA MEMORIA DE ENRIQUE ARNAL: CRONOLOGÍA DE VIDA DE UN ARTISTA EXTRAORDINARIO

1932, Potosí ve el nacimiento de Enrique Arnal Velasco, en Catavi, centro minero del departamento de Potosí, en el que su padre trabajaba. Durante muchos años se gestó como artista plástico autodidacta y finalmente al bordear la mayoría de edad se decidió por la pintura.
1954, tiene lugar la primera exposición individual del artista, en Cuzco, Perú.
1955, los esfuerzos son coronados con el galardón Gran Premio Pedro Domingo Murillo.
1966, Gracias a la beca de la Fundación Simón I. Patiño, Arnal formaliza sus estudios en la Ciudad Internacional de las Artes en Paris, durante este año y el siguiente.
1968, por dos años consecutivos, la Galería Arca, ubicada en La Paz, orienta su trabajo con las directrices que fija el artista.
1978, por otros dos años como docente, son muchos estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés los que se benefician con la capacidad de enseñanza, la formación académica y la experiencia del maestro Arnal.
1983, los méritos incontables del artista propician su nombramiento como Agregado Cultural – Ad Honorem en la Embajada de Bolivia en México.
1986, la ciudad que le dio las herramientas académicas al genio del artista, lo ve regresar en el cargo de Agregado Cultural de la Embajada de Bolivia en París, por dos años.


De aquí en adelante su recorrido por el mundo pasea su sensibilidad de genio creador a donde va, nutriendo su experiencia y su almacén de rememoraciones.

La extensa producción pictórica de Arnal perfila un estilo propio que evoluciona desde la síntesis y estilización de corte dramático hasta la abstracción y figuración concreta con toques cubistas. El artista trabajó temáticas agrupando sus obras en series como paisajes sintéticos y pueblos pétreos, luego naturalezas muertas y casi al mismo tiempo las series de gallos y toros, más tarde encaró la figura humana solitaria (que incluye la época como preso político) y posteriormente los cóndores en descanso, hasta la concluir la década de 1970. La década de los 80 estuvo caracterizada por el desnudo femenino y su fusión con las montañas en el entorno andino. y obras abstractas denominadas Mitología Minera, con una gran sensibilidad espiritual de lo que engendran los socavones en su oscuro espacio interior. Su producción continuó con la serie Mundo de la Memoria, en la que condensa recuerdos de momentos que marcaron su vida.

El legado del artista se encuentra atesorado en el Museo Nacional de Arte, dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, Museo Tambo Quirquincho, la Casa de la Cultura de la Universidad Técnica de Oruro, el Museo de Arte Contemporáneo de la OEA y otros repositorios importantes, además de sentar su presencia en colecciones privadas en Bolivia, Estados Unidos y Europa.

En 2016, abril es el mes en que la luz abandonó el cuerpo del artista boliviano Enrique Arnal Velasco en la ciudad de Washington, privándonos de uno de los artistas más importantes de la plástica nacional contemporánea, sin embargo su espíritu expresivo sigue presente plasmado en sus obras.



viernes, 15 de abril de 2016

EXPOSICIÓN: "LA ESCLAVITUD Y LA PRIMERA CASA DE MONEDA".


El miércoles 20 de abril, la Casa Nacional de Moneda, dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, inaugurará una nueva exposición documental denominada “La esclavitud y la primera Casa de Moneda”, en homenaje al mes aniversario de la Villa Imperial de Potosí.

La exposición muestra una serie de documentos manuscritos sobre la esclavitud, asimismo planos y fotografías de la primera Casa de Moneda, ubicada en la actual Plaza 10 de Noviembre, en la esquina sur este, esquina de la calle Tarija al lado de la Alcaldía de Potosí. Este trabajo es producto de una recopilación preparada por la Unidad de Archivo Histórico.

En ese sentido, se invita al público en general, especialmente a estudiantes de colegios y universidades, además de visitantes que se encuentren en la ciudad de Potosí, a conocer detalles interesantes de la historia acaecida en Potosí, en siglos pasados.

El ingreso para esta exposición será libre.



X FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE LA PAZ EN EL MUSEO NACIONAL DE ARTE

El Museo Nacional de Arte, dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia,  se complace en presentar varias obras que forman parte de la programación del FITAZ, a partir de hoy y hasta el domingo 24 de abril, en el Patio de Cristal a horas 18:30.

Es imprescindible llegar con tiempo para poder apreciar la puesta en escena de cada obra desde su inicio. Está invitado todo el público que aprecia el arte de las tablas.


El MUSEF también tiene abierta la invitación a otras actividades culturales programadas para el mes de abril.


martes, 12 de abril de 2016

“REMINISCENCIA”, MUESTRA DE HOMENAJE AL ARTISTA EDGAR ÁVILA ECHAZÚ

El protagonista de la muestra, Edgar Ávila Echazú, es un hombre polifacético que incursionó en la literatura, la investigación, las artes plásticas e incluso en la esfera política. Nacido en la ciudad de Tarija, valle situado al sur de Bolivia, pasó su infancia y juventud también en La Paz, Buenos Aires, México y Asunción, hecho que formó en él un espíritu inquieto, crítico y creativo. Ya en su edad madura vivió en España, Francia e Italia.

Autorretrato
Como pintor expuso en La Paz, Oruro, Cochabamba y Santa Cruz, además de Argentina y España. Su obra plástica se desarrolló, durante las últimas cinco décadas, principalmente, a través del dibujo en tinta y la pintura al óleo. Temática y formalmente su trabajo transcurre en tres ejes de expresión inspirados en el paisaje y la mujer tarijeños, lo que también se muestra a partir de la abstracción, que constituye el tercer eje, que en relación a los dos anteriores, devela una comunión de origen a partir del color y la textura.

La obra pictórica de Ávila Echazú, ordenada por su autor en series que trascienden la temporalidad en su creación, fueron producidas durante un período de más de cuarenta años, en los que alternó tanto en las temáticas, como en las aproximaciones visuales que las conforman. Transmiten al espectador la espontaneidad de su factura, alejado de la intelectualidad del acto de pintar. Su obra se muestra como un acto libre en el que la gestualidad acompaña de manera significativa a la expresión que nace, a partir de su sincero sentimiento de contemplación del paisaje de su región,  y la admiración por la mujer
tarijeña.
Figura II
Hoy es considerado uno de los intelectuales y artistas bolivianos emblemáticos del Valle de Tarija, territorio que ha logrado mostrar con toda la riqueza, natural y cultural a través de muchos de sus poemas, relatos y novelas, además de un grupo importante de estudios publicados como ensayos, relativos a la Sociología Cultural, Historia Literaria e Historia de Tarija. Como literato forma parte de una generación extraordinaria de autores bolivianos y latinoamericanos, que difundieron la corriente que se conoció como “Realismo mágico”.

Sus dibujos de carácter impresionista muestran un trazo ágil, cargado de fuerza que no busca representar la forma real, sino transmitir un estado emocional. Una mención especial merecen las piezas que conforman su serie abstracta, el juego con los espacios y las superficies de color –sin la pretensión de representar ningún elemento real–, lo conecta más bien a un espacio íntimo espiritual con un apego indiscutible a la luz y el color del paisaje tarijeño.

Abstracción III
El Museo Nacional de Arte, dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, abre esta muestra del 08 de abril al 08 de mayo, en homenaje al insigne artista boliviano, concentrando una muestra de sus obras más galardonadas.









 MUSEO NACIONAL DE ARTE 
 Dirección: Calle Comercio esq. Socabaya - La Paz, Bolivia  / Teléfonos: +591 2 2408600 / Fax (591-2) 2408542
 Horarios: Martes a viernes de 9:30 a 12:30 y de 15:00 a 19:00 / Sábados: de 10:00 a 17:30 y Domingos de 10:00 a 13:30