viernes, 4 de febrero de 2011

Megaexposición en el MUSEF y el Museo Nacional de Arte

“Principio Potosí”, ¿Cómo podemos cantar el canto del Señor en tierra ajena?

Principio Potosí ¿Cómo podemos cantar el canto del Señor en tierra ajena?, proyecto comisariado por Alice Creischer, Andreas Siekmann y Max Hinderer, relee críticamente las dinámicas del capitalismo global desde la óptica oblicua del imaginario del imperio colonial español.

La explicación tradicional sitúa el origen del arte moderno en las pinturas de Courbet, Manet o en las de los impresionistas. Es decir, en la ruptura con las formas tradicionales del arte, a fin de reflejar la inmediatez de la experiencia subjetiva de la realidad. El idealismo romántico, o el spleen de Baudelaire constituirían a su vez otros hitos de la percepción moderna del mundo. Atrapados en una historia de protagonistas y escenarios reconocibles -el artista que se mueve de París a Nueva York, con alguna parada en el centro de Europa- hemos creado un universo cerrado de referencias que nos hace incapaces de entender las prácticas culturales de una modernidad expandida, que desborda tales marcos y se proyecta en la sociedad global contemporánea. Sorprende la obcecación con que hemos ignorado que desde el siglo XVI la historia de Europa es inseparable de la de sus colonias, más aún, el hecho constatable de que no existe modernidad sin las relaciones centro-periferia que se inauguran con los procesos coloniales.

¿Qué sucedería si sustituyésemos el ego cogito de Descartes por el ego conquiro de Hernán Cortés, o el principio de la razón pura de Kant por lo que Marx denominó principio de acumulación originaria? ¿Qué pasaría si, en lugar de empezar el relato moderno en la Inglaterra de la Revolución Industrial o en la Francia de Napoleón III, lo hiciésemos en la América de los virreinatos? Las respuestas a estas preguntas nos ofrecen, sin duda, una perspectiva bastarda de la historia y una visión espinosa e irreconciliable de la modernidad que, sin embargo, parece dibujar una genealogía muy verosímil del globalizado mundo actual. El proyecto Principio Potosí denuncia y

reivindica simultáneamente las raíces inconfesas de esta modernidad bastarda.

En su reciente andadura, el Museo Reina Sofía toma tal perspectiva como propia, tanto a la hora de tramar el archipiélago de narraciones de su colección, como al diseñar su programa de exposiciones. Compartiendo lapso temporal con Principio Potosí, las hay que releen críticamente la modernidad desde la mirada excéntrica de la locura y la exclusión social –Martín Ramírez. Marcos de reclusión-, o que nos hablan de la reinvención desplazada de la utopía moderna en América Latina –Desvíos de la deriva-. En este sentido, Principio Potosí cumple con la vocación del museo de estimular interpretaciones alternativas y políticamente comprometidas de nuestro tiempo.

Frente a la narración lineal y evolucionista de la modernidad ilustrada, Principio Potosí cruza en un bucle temporal el pasado y el presente. El tiempo se pliega y despliega en un barroco juego de espejos que refleja el entonces colonial – materializado en los grandes lienzos históricos- en el ahora global –encarnado en las propuestas de los artistas contemporáneos-. En el siglo XVII, apenas cien años después de su descubrimiento y conquista, Potosí era una de las ciudades más importantes del planeta y su población era mayor que la de Londres o París. Del Cerro Rico se extraían plata y otros metales que circulaban por todo el globo y servían para sufragar las guerras de los Austrias en Europa y pagar los cuantiosos préstamos de los banqueros alemanes y genoveses. La explotación de las minas de Potosí supuso la primera acumulación de capital del período moderno, precedente y modelo de la mundialización actual. En Potosí, la sobreabundancia de riqueza se asentó en la mita, una ordenación esclavista por la que las poblaciones indígenas trabajaban en condiciones infrahumanas. Más de cinco siglos después, encontramos en Abu Dhabi, en China y en tantos otros lugares del mundo procesos de explotación y acumulación de consecuencias equivalentes. Hoy como entonces, el arte aparece dotado de una consustancial ambigüedad. Si por un lado, la experimentación y la ampliación del campo de conocimiento vinculadas a su práctica nos ayuda a ser mejores, por otro, entendemos que la institución arte puede ser fácilmente cómplice de un nuevo esclavismo global, de la mercantilización de las subjetividades y de la transformación del patrimonio inmaterial, como la memoria histórica, en pura transacción económica. Es cierto que el Louvre busca mostrar sus tesoros en su nueva sede de Abu Dhabi, haciendo más accesibles sus colecciones, pero también lo es que esta operación va ligada a importantes intereses económicos.

De un modo similar, mientras que la evangelización intensiva de los pueblos indígenas contribuyó a la toma de conciencia de sus derechos frente a modos previos de dominación, ésta servía además para la consolidación del sistema colonial. A pesar de ello, el arte es político precisamente porque su propia estructura poética tiene algo de inasimilable, convirtiéndose de hecho en un elemento activo de liberación. Las pinturas coloniales de Caquiaviri o Calamarca respondían a la doctrina eclesiástica del momento y su función era pedagógica, pero la intervención en el lenguaje pictórico, importado desde la metrópolis, permitía la inversión de las estructuras sociales. Los santos y vírgenes eran reactualizados en las fiestas y ritos indígenas, fomentando una religiosidad híbrida cuya función era de resistencia al proyecto colonizador.

La Ilustración pretendió fundar una ratio común que fuese capaz de armonizar la heterogeneidad de relaciones sociales generadas por la expansión colonial, el mercantilismo y el crecimiento de la vida urbana. Se consideraba que todo lo que no entraba en ese elemento racional no formaba parte del yo civilizado. Sin embargo, como nos recuerda Eduardo Subirats, los ilustrados españoles titubearon a la hora de comprender la razón moderna como principio universal, de definir hasta sus últimas consecuencias la secularización de la cultura, o establecer radicalmente los principios morales y políticos de la autonomía de la persona. La intensidad y celeridad de los procesos de acumulación originaria, que parten de una España imperial estructurada según modelos económicos y sociales que impiden la articulación y fijación de una pauta de expansión colonial similar a la que tiene lugar en las potencias del Norte, producen una dislocación paralela en las sociedades dominadoras y dominadas, lo que hace que nuestra modernidad sea barroca casi desde sus inicios.

Si lo barroco y lo teatral, como encarnación perfecta de la modernidad, fueron en su momento anatema, ahora se nos presentan como la posibilidad de una modernidad alternativa. Desde Walter Benjamin a Gilles Deleuze han sido numerosos los pensadores que han reflexionado sobre este fenómeno. Como categoría estética o proposición filosófica, lo barroco es un concepto de los siglos XIX y XX, no del XVII. El barroco encarna para el Norte la desmesura en los modos de dominación despótica de los individuos: ciega, violenta, irracional, generadora de sujetos fanáticos, agresivos y supersticiosos. El barroco es el “otro” abyecto de la modernidad ilustrada, y por ello mismo el objeto de sus fantasías de pérdida de sí, de sus límites nítidos, en el otro. Pero esa dislocación genera también una apertura y una mezcla de los sistemas de modos de visión y representación, una “locura del ver”, según Christine Buci-Glucksmann, una visión deseante, hecha carne, que genera tipos de conocimiento inasequibles para el sujeto racional cartesiano. Si la Ilustración sólo era capaz de percibir las subjetividades que producen las dinámicas coloniales como aberraciones, la sociedad barroca no elude la representación de la especificidad de las relaciones sociales, no las enmascara por mucho que éstas estén llenas de violencia. La arbitrariedad del lenguaje en el barroco da pie a su absoluta manipulación ideológica por el poder, pero su lógica diseminatoria lo hace menos controlable. La alegoría, modo de representación basado en la inevitable arbitrariedad del lenguaje, típica del barroco, permite la multiplicidad de los significados, la apropiación y la distorsión.

Principio Potosí encuentra en el espacio barroco no solo el escenario apropiado en que ensayar sus propuestas críticas, sino tambén el marco posible en que proyectar genealogías múltiples y discordantes de la desbordada modernidad contemporánea.

Manuel J. Borja-Villel

Director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Madrid - España

martes, 18 de enero de 2011

EL MUSEO NACIONAL DE ARTE, PRESENTA “GALLERO” – MUESTRA RETROSPECTIVA DE HOMENAJE A GILDARO ANTEZANA




El Museo Nacional de Arte, dando inicio a sus actividades 2011, presenta el viernes 7 de enero en sus salas temporales, la muestra “Gallero”, retrospectiva de Homenaje a Gildaro Antezana.

“Gallero”, la denominación que lleva la muestra, se debe a que Gildaro Antezana, era un apasionado por la cría de gallos de riña, pero este ámbito de su vida le dio un conjunto de imágenes que trasladadas al lienzo, resultaron ideales para hablar del hombre y del oscuro momento político que vivía el País. En determinado momento la temática de los gallos se abrió a otras aves que fueron protagonistas de series en las que el pintor descarga toda la ira contenida con un agudo sentido de sátira como en Los machu machus que fue censurada por la dictadura y Los Buhos Negros, que dedicó al Che Guevara, en estas obras en las que aparecen, gallos, patos y pavos tal como son, también utiliza las cabezas de estas aves en apuntes monstruosos o deformadores de la personalidad al estilo goyesco y la figura humana adquiere caracterizaciones simbólicas y elocuentes.

En la obra de Gíldaro Antezana lo político se filtra de la crónica de lo cotidiano, pero sus trabajos como la serie El Sueño de Caytano en la que el gallero desfila portando pancartas en las que se lee “prohibido vivir mal”, lo mismo que su serie de Los Sapos y otras obras que hacen referencia a hechos reales cómo la aguda escasez de agua que hubo en los años setenta y que afectó especialmente a los barrios periféricos de Cochabamba, obras donde la poética cobra una fuerza motivadora extraordinaria.

Para Gíldaro, la naturaleza y los animales tenían una estrecha analogía con los seres humanos, cuyos comportamientos suelen ser, tal vez, irracionales e inocentes o marcadamente racionalizados para instrumentalizar comportamientos perversos. La emoción en la obra del maestro del valle, es percibida de inmediata, porque es la descarga expresiva sin intermediarios y se sienten los momentos de pasión, esperanza y temores de los seres de su entorno. Nadie como él, conocía la ruta de la pelea por la subsistencia, nadie como él sabía que había que ser un gallo de pelea, todos los días.

Gíldaro Antezana nació en la provincia de Ayopaya en el cantón Chinchiri, en un medio rural donde realizo sus estudios de primaria, posteriormente se trasladó para desarrollar sus estudios secundarios a la ciudad de Cochabamba en el colegio nocturno “Teodomiro Beltrán”.

A principios de los ‘60s inició sus estudios en la Escuela de Artes Plásticas, que entonces dirigía del maestro Raúl G. Prada, experimentando y perfeccionando sus habilidades durante cinco años intensos de formación. A partir de 1963 Gíldaró Antezana participó en exposiciones y eventos donde la fuerza expresiva y la calidad técnica de su trabajo le permitieron ganar el reconocimiento del público, alcanzar premios importantes y generar entusiasmo en un grupo selecto de jóvenes profesionales que se convirtieron en leales amigos y coleccionistas.

Así Gíldaro pasó por la vida en un frenesí creador, con una mirada y una inteligencia perspicaz, cargando su vela, acompañado de sus gallos y sus pinceles, dejando una de las obras más pródigas y representativas del arte boliviano del siglo XX, iluminando los espacios en los que se construye día a día la identidad de los y las bolivianas de hoy, finalmente su luz se consumió trágicamente un 12 de enero de 1976.

martes, 21 de septiembre de 2010

Museo Nacional de Arte presenta exposición Coletiva, Santa Cruz, Tierra de Encuentro


El Museo Nacional de Arte y el Centro Cultural Santa Cruz, dependientes de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, en conmemoración al Bicentenario de la Gesta Libertaria de Santa Cruz de la Sierra 1810 – 2010, presentan a partir del viernes 17 de septiembre, la exposición colectiva Santa Cruz – tierra de encuentro.

La muestra colectiva de homenaje, será inaugurada el próximo viernes 17 de septiembre a partir de las 19:00 horas; esta exposición que cuenta con el gentil auspicio del Gobierno Municipal Autónomo de Santa Cruz de la Sierra y el Museo de Arte Contemporáneo de esa ciudad, presentará una importante selección de más de 30 obras, de los artistas cruceños más representativos, trabajos realizados en diferentes técnicas y materiales, entre los que se encuentran Carmen Villazón, Tito Kuramotto, Lorgio Vaca, Herminio Pedraza, Ciro Paz, Eduardo Ribera Bluebox, Ángel Jordán, Armando Jordán, Ejthi Stih, Guido Bravo, Heberth Román, Jorge Padilla, Jorge Rozsa, José María Payno, Julio Román, Marcelo Callaú, Sergio Antelo, Pablo Arza, entre otros.
A propósito de la muestra el Director del Museo, Edgar Arandia, señala: Durante el último decenio del siglo XX, Santa Cruz se convirtió en la principal urbe de Bolivia. Su acelerado progreso, sin embargo, como en todas las ciudades emergentes del mundo, no le permitió atender adecuadamente el desarrollo integral de sus habitantes. Los problemas nuevos que surgen del crecimiento de la mancha urbana, estimulado por la migración interna de los años 70 y 80, encontró a una ciudad que debía priorizar la infraestructura vial, la dotación de agua potable, energía y otras necesidades. Ha pasado cuarto de siglo y esta tierra acogedora y generosa, se ha convertido en el enclave de encuentros entre distintas formas de ver el mundo, enriquecida por la migración extranjera y la mixturación de culturas que viven en ella.
En los últimos años, instituciones departamentales y nacionales, estimulan proyectos para canalizar la corriente de una cultura diversa que quiere expresarse. El derecho al acceso a las manifestaciones culturales, es parte del desarrollo de los habitantes y está carencia que debe acompañar el progreso, para formar ciudadanos integrales, está siendo enmendada. Sostengo que la nueva hibridación cultural que se da en la urbe, está construyendo un nuevo espacio de encuentro, un aporte singular a la cultura boliviana del siglo XXI.
El movimiento literario es rico y diverso, el movimiento teatral es intenso, su práctica permite exponer preocupaciones y deseos para una convivencia en simetría entre todos sus habitantes, asimismo el movimiento musical es multifacético, además de las multitudinarias manifestaciones de las danzas tradicionales y otras.
Esta muestra de la pintura boliviana, producida en Santa Cruz, intenta acercarse a su memoria, a establecer que las tradiciones forman parte de la construcción de la identidad, que las corrientes globalizadoras, pasan por el filtro de la personalidad de un pueblo que busca consolidar su ser múltiple, abierto al mundo desde su propia identidad. En cada obra podemos crear y recrear momentos históricos, tradiciones y transgresiones.
Son 200 años de su gesta, aquí están los sueños y los desafíos expresados por sus artistas.
Para realzar los actos de inauguración y las actividades paralelas, se cuenta con el gentil auspicio de la agencia de Cooperación Española y la Embajada de España en Bolivia, quienes han hecho posible, que para la inauguración se cuente con la presencia de Carmen Villazón y Hebert Román, en representación de los artistas cruceños; la Poesía de Alejandro Marat y Paola Senseve; el canto de Camila Soruco Roca y la danza oriental preparada por el ballet Folklórico de Charito Carazas
Para el jueves 23 se ha preparado dos coloquios, el primero: La literatura contemporánea cruceña, en el que participaran Claudia Peña, Hernán Ludueña y como comentarista a Manuel Vargas; posteriormente daremos paso al coloquio: Santa Cruz – Tierra de Encuentro: su historia y sus desafíos, que contara con la participación de Dunia Sandoval, Adrian Waldmann y tendrá como comentarista a Fernando Cajías de la Vega.

La muestra permanecerá abierta al público hasta el próximo jueves 7 de octubre en las Salas Temporales del Museo Nacional de Arte (Calle comercio y Socabaya)


La Paz 09 de septiembre de 2010
AGRADECEMOS SU GENTIL DIFUSIÓN.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

MUSEO NACIONAL DE ARTE


EL MUSEO NACIONAL DE ARTE, INVITA A SU TRADICIONAL CHOCOLATADA DE NAVIDAD.

El Museo Nacional de Arte, durante dos gestiones, ha llevado adelante una chocolatada, logrando compartir este refrigerio a más de dos mil niños el año 2007 y sobrepasando los dos mil quinientos, la gestión 2008. Para este año tenemos previsto recibir a más de tres mil niños.

Esta actividad se desarrollara el día sábado 19 de diciembre, a partir de las 14:30 horas en el Patio Colonial del Museo; durante el desarrollo de la chocolatada, se ha programado la participación del Grupo de Teatro y de Títeres NEGRO SABROSÓN, que animaran a nuestros pequeños visitantes, así también se contará con la presencia del Coro de niños ÁNGELES DE TIWANAKU, procedentes de esa ciudad milenaria. Por ser una actividad familiar, cerraremos la actividad con la presentación de la Orquesta Criolla “MÚSICA DE MAESTROS” y “CONADANZ”, quienes a través de una serie de investigaciones han rescatado villancicos y bailes tradicionales de Navidad, que se interpretan en diferentes regiones de nuestro país.